Físicamente, la operación fue un éxito —no había que ser el Mariscal Rommel para darse cuenta de la correlación de fuerzas—, pero políticamente fue un fracaso.
Y es que uno de los problemas más graves de la dirección político-militar de este gobierno es que todos sus operativos se le revierten y terminan en justificaciones y pretextos imposibles de explicar. Así fue con los camiones de contrabando, así está siendo con el caso Rósza y así es con el caso Pando. Leopoldo es un símbolo del fracaso político del gobierno, como lo demostró el resultado del Revocatorio y la necesidad actual de que Quintana tenga que instalar su cuartel permanente en Cobija: ahí funciona en este momento el Ministerio de
Pero también le temen. El gobierno ha logrado que Leopoldo se convierta en el símbolo de la arbitrariedad gubernamental, de su manejo de la justicia, de su dominio del Ministerio Público. El mayor Quintana —¡militar, al fin!—, se tragó solito los gusanos que ofreció para la tumba de Leopoldo y le regaló un símbolo al combate democrático. Y les da miedo. Tanto, ¡que hay que impedir que hable! Y como la palabra es enemiga de las mentes totalitarias, hay que cerrarla bajo llave. Los “argumentos” del Vice y del Ministro de Defensa, son pirotecnia chicanera para tapar el fondo: el miedo a la palabra.
Y para terminar de poner en evidencia el cuadro de arbitrariedad,
El gobierno les tiene miedo a los que pueden hablar. Es muy extraño, pero cada vez que alguien puede hablar, se hace humo, está preso... ¡o está muerto! Suena feo, pero así nomás había sido. Y cuando húngaros o irlandeses y la misma Unión Europea piden que las cosas se aclaren, la respuesta es la misma: ¡no se oye, padre! Es que el miedo a la palabra es muy jodido cuando se tienen que aclarar tantas cosas. Porque, entre chiste y chiste, no son pocos los muertos que ya hay que contar con este gobierno, ¡y en qué circunstancias!
Dice Evo Morales que
http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20091025/el-miedo-a-la-palabra%E2%80%A6_42327_72226.html
